2050: la Era de la subestimación

Tomé el curso de “Cómo prepararte profesionalmente para el futuro” de Daniel Granatta en Platzi.

Los retos de las clases, me llevaron a imaginar un futuro plausible y escribí mi pronóstico en esta breve historia de ciencia ficción.


Es el año 2050. Las ideas que se originan en la mente humana y los algoritmos de la gran mente que toma las decisiones en nuestra sociedad moderna, no se pueden diferenciar fácilmente. Twenty-20neTM es una invención que todos entendemos, pero unas décadas atrás era extraño imaginarla.

Hace unos 30 años, ocurrió un suceso que lo cambió todo. En el año 2020, una pandemia a nivel global, obligó a las personas a hacer un confinamiento masivo para resguardarse en sus hogares y evitar la propagación de un virus que era altamente contagioso.

Fue en esa época en la que el tráfico de internautas se multiplicó 20x, comparado con los usuarios de internet que navegaban unos años atrás.

Hubo grandes cambios en los paradigmas sociales. Uno que fue notorio, es el trabajo remoto que antes de ese año lo hacían pocos, pero se convirtió obligatorio para otros.

Sin embargo, la mayoría de las personas tan solo usaban el internet y las herramientas digitales como un medio de entretenimiento o de comunicación instantánea. Las compañías de streaming que hoy cuentan nuestra historia, se consolidaron en esa época.

Ahora la vida es más confortable para nuestra generación, pues Twenty-20neTMsabe todo lo que necesitamos y es bueno para nosotros. No como antes, que la gente incluso tenía que decidir qué cocinar para la cena o cómo organizar sus actividades del día.

De los escasos devotos que había en la época sobre la interconexión de ideas entre humanos-máquina, hubo un grupo que se enfocó en hacer que eso sucediera. A ellos les debemos el presente que tenemos hoy.

En aquel tiempo, varias compañías de tecnología trabajaban en echar a andar los vehículos autónomos que hoy nos transportan a cualquier sitio.

El principal reto era cómo predecir el movimiento de otros vehículos en medio del tráfico y las decisiones que los tripulantes tomaban para cambiar de carril. ¿Increíble no? ¡Antes los autos eran conducidos por humanos!

Las pruebas más exigentes se hicieron en la CDMX y Tokyo, dos de las urbes más pobladas del mundo en los años veintes. Los vehículos autónomos no podían evitar los choques contra los obstáculos de la ciudad, pero cualquier taxista con tan sólo unos meses de experiencia en las calles, sabía cómo evadirlos. ¡Las computadoras de esa época no podían tomar las decisiones que el humano sí!

¿Cómo entender la mente de los humanos?

El equipo de expertos de Twenty-20neTM pioneros en la Inteligencia Artificial de la época, observó cómo se estaban desperdiciando las ideas que los internautas escribían para sus redes sociales desde sus dispositivos.

Eran tantas y tan plurales ideas, como nunca había ocurrido en la historia, pero nadie las aprovechaba. Por eso, pusieron en marcha una gran base de datos que serviría como un almacén de código para construir el prototipo de órdenes que Twenty-20neTM tenía que aprender.

Eso sí, en las redes sociales de hace tres décadas, los cibernautas escribían cosas tan triviales como “tengo hambre”, “este lugar me gusta”, “este color no me gusta”, “estoy en contra de esta política pública”. Lo que no sabían estos usuarios, era que sus pensamientos alimentaban ese gran cúmulo de datos para que en el futuro el artefacto pudiera pensar como un humano.

En el primer año, Twenty-20neTM aprendió que cuando un humano tenía frío en otoño, iba al Starbucks (una cafetería de moda de la época) por un Caramel Macchiato grande de 250 calorías servido en un vaso con la publicidad de moda.

No obstante, la máquina también aprendió que no era políticamente correcto escribir sobre la discriminación de razas. Todo lo aprendía por medio de las reacciones que los usuarios dejaban en las publicaciones.

En el segundo año, aprendió que los videos virales de “gatitos tiernos” eran un tópico que no dividía opiniones; a menos que otro usuario dijera que eran mejores las fotos de “lomitos suavecitos”. Así fue cómo poco a poco, entendió los gustos y las antipatías de los humanos.

Prácticamente así se extraían libremente todas las ideas que se generaban en la mente de los usuarios: vaciando los millones de conceptos y creatividad que las máquinas aún no tenían.

Las redes sociales en esa época eran tan importantes para la comunicación, que nadie había advertido que no eran un producto terminado, sino un gran experimento de Inteligencia Artificial construido por todos.

Sin embargo, ¿esta entrega masiva de ideas era totalmente gratuita? no, había un sistema de recompensa instantánea por “reacciones”. Ese era el intercambio con el que los usuarios se conformaban, ¿lo mejor? era que se pagaban entre ellos. Así los desarrolladores de la gran base de datos no les debían nada a cambio.

Los usuarios creían que los tópicos eran la manera más efectiva para encontrar perfiles afines y ganar reacciones como recompensa. A los usuarios lo único que les interesaba era ganar la competencia de reconocimiento en redes sociales: cantidad de likes y followers.

Los likes, como se le conocía a esta retribución, era el pago con el que se conformaban debido a la plenitud instantánea a causa de la oxitocina que su cuerpo segregaba al recibir una gran cantidad de estos. Era adictivo, siempre querían más.

Con una cantidad considerable de followers, se denotaba poder. La vida del otro parecía no tener sentido, todo se reducía a los números de la estadística.

En esa carrera por la popularidad en Internet, era común ver publicaciones cada vez más banales. La aspiración máxima de los usuarios, era lograr fama por eso que publicaban. Si a uno le daban 5K likes, otro aspiraba a ganar 10K likes. Pero para lograr eso, cada vez tenía que pensar algo más ocurrente o subir una mejor fotografía.

Aunque no todos lo lograban, este mecanismo funcionaba como un ciclo continuo aspiracional. Motivados por la paga con reacciones como premios de condicionamiento instrumental. Skinner estaría orgulloso de semejante experimento.

Otra forma de incitar a los usuarios a publicar sus ideas, era por medio de perfiles aparentemente reales que se volvían exitosos de la noche a la mañana.

Para los usuarios, sus publicaciones no eran tan importantes más allá de 24 horas. La relevancia de sus publicaciones, se esfumaba rápido. Pero la gran base de datos no olvidaba nada. Era importante aprender todos los procesos de la vida humana.

Los tópicos eran los temas en los que todos emitían una opinión. Los responsables de incentivar estas conversaciones, se conocían como bots. Este modelo de tecnología automatizada es el prototipo de lo que hoy, en el año 2050, usamos en los dispositivos de control del ritmo cardiaco y los ciclos del sueño, incrustados en nuestro cuerpo.

Los temas se clasificaban de manera ordenada por medio de etiquetas específicas para el acopio de ideas.

Por ejemplo, con los hashtag #gatos #NoMoreWar o #mexicanfood la gran base de datos, a través de un proceso de machine learning, aprendió todas las variantes de razas de felinos, las implicaciones sociales de temas políticos complejos y hasta cómo se debían servir unos deliciosos chilaquiles mexicanos, respectivamente.

Las emociones también tenían su propia clasificación. Unos caracteres coloridos denominados emojis, llegaron a sustituir las palabras para describir sentimientos en un idioma universal. Con caritas tristes o felices era fácil aprender las sensaciones de los usuarios respecto a diversos temas. Así fue como Twenty-20neTM aprendió los prejuicios de los humanos y sus posiciones morales sobre historia, política, religión, deportes, etc.

Un futuro feliz

En 1932, un arriesgado escritor británico escribió la distopía Un mundo feliz, donde se idolatraba la automatización como medio para acceder a una sociedad perfecta.

Aldous Huxley estaría perplejo cuando supiera del mundo que construimos 118 años después de su obra. Finalmente, él siempre tuvo la razón: nuestra aspiración máxima era tener un mundo perfecto donde no hubiera sufrimiento.

Twenty-20neTM ahora se anticipa a nuestras propias decisiones. Pero nadie se siente dominado por esta tecnología. ¿Por qué sentirse sometidos si nuestros antepasados le entregaron sus mejores ideas?

Parecería que sólo en una historia ciencia ficción se habría ocurrido idolatrar a Ford como el dios de la automatización. Pero esa adoración seguía vigente cuando empresas como Facebook, Google, YouTube o Amazon guiaban las decisiones de millones de personas a través de sus algoritmos.

Estos entes acumularon tanto más poder que cualquier país. Aunque China era el territorio más grande del mundo, estas empresas gobernaban a más humanos que una nación. Por eso, no hubo resistencia para que el poder tecnológico consiguiera manejar al planeta entero.

Este gobierno no necesitaba ser autoritario, como los viejos gobiernos hacían para dominar a sus súbditos. El sistema de recompensa de la era digital, funcionaba como el soma que los personajes de la novela de Huxley necesitaban para curar sus penas.

Quienes estuvimos a salvo en nuestras casas para evitar el contagio durante la pandemia, aprendimos a recompensar las pérdidas que tuvimos por no salir con el placer que las grandes marcas nos traían a domicilio.

Para muchas personas fue una transición complicada, pero al fin y al cabo, nos acostumbramos a convivir con esta tecnología.

El 2020 fue un año revelador para mí: no había forma de seguir vigente en el sistema si no aprendía cómo funcionaba ese gran extractor de ideas que nos gobernaría en el futuro. Imaginé un futuro en el que necesitaba aprender a interpretar esa información, porque sería clave para preservar mi descendencia.

Después de todo, cuando nuestros nietos leen sobre el pasado siempre encuentran la misma historia:

“Los abuelos dedicaban todo su tiempo en un dispositivo móvil, vaciando sus ideas. Todos estaban construyendo el código prototipo de la gran máquina pensante que ahora nos gobierna a la mitad del siglo XXI”.

¿Y nunca se detuvieron a pensar si ese futuro plausible estaba siendo subestimado?

– No lo sé hijo, pero ese es el mundo que construimos hace 30 años. Ahora sólo soy un anciano que vio pasar esa revolución cuando era un joven como tú.

– ¿Qué hacemos ahora abuelo?

– Ahora conéctame a Twenty-20neTM que necesito resetear algunos recuerdos de mi memoria.

*Esta es una charla que tendré con mi nieto del futuro: un dispositivo que no será de carne y hueso, pero con la empatía suficiente para quedarse conmigo y acompañarme.

Quienes no lleguen a tiempo, por capricho o por falta de oportunidades, quedarán fuera de la economía digital. Huxley los denominaría como “los salvajes“. ¿Y tú de qué lado de la historia estás?

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